Los coches eléctricos sí emiten CO2. Y en Alemania 13 veces más que en Francia


07/10/2017
 Los coches eléctricos son el futuro de la movilidad terrestre. La industria de las baterías pretende mejorar la capacidad de carga para aumentar el talón de Aquiles de su tecnología: la autonomía. A día de hoy la compra de un coche eléctrico es difícilmente justificable incluso con las ayudas estatales. El ahorro en coste de la energía eléctrica comparada con la de los hidrocarburos no compensa la diferencia en precio. Además, el inconveniente fundamental de la falta de autonomía hace que sea necesario un segundo coche de combustión si se quiere realizar viajes medianamente largos (adiós a los fines de semana y a los puentes de turismo local). Sólo quien puede pagar por encima de los 60.000€ dispone de un eléctrico de autonomías cercanas a 400Km.

Tampoco es baladí la dificultad que supone su recarga. Para coches con autonomías largas, el tiempo de carga se puede elevar a 10 horas y la instalación de un enchufe "rápido" no es trivial. Y todo esto se complica enormemente cuando la operación de recarga se quiere realizar fuera de nuestra casa. En un hotel o en la vivienda de nuestros amigos o familiares es difícil encontrar la energía suficiente como para no hacer tedioso el proceso de reabastecimiento.

El concepto "del pozo a la rueda"
Cuando te compras un coche eléctrico sólo un sinfín de papeleos (que suelen amortiguar los concesionarios) te separan de la obtención de la valiosa pegatina azul de "cero emisiones". Es el distintivo que acredita que tu coche no emite gases a la atmósfera. Sin embargo es falso. A ver, cuando conduces el coche no hay tubo de escape ni emisiones de CO2, pero la energía eléctrica que has utilizado para cargarlo ¿de dónde ha salido?

Cuando en un determinado país se genera energía eléctrica suele hacerse por medio de diferentes fuentes. En España, por ejemplo, disponemos de centrales nucleares, combustión de fuelóleo y gas, carbón, hidráulica, ciclo combinado, cogeneración, eólica, solar fotovoltaica, solar térmica, térmica renovable y energía que compramos o otros países (Francia). Esta mezcla de sistemas de generación de energía se denomina mix energético. Pues bien, sabiendo el porcentaje anual de utilización de cada sistema de generación eléctrica y las emisiones que producen cada uno de ellos podemos sacar una media de emisiones de CO2.
En el caso del coche de explosión, el de toda la vida, las emisiones que producen provienen casi exclusivamente del momento de su utilización. Sin embargo, en el caso del coche eléctrico hay que contar con que la energía eléctrica ha producido emisiones antes de ser utilizada para cargar las baterías. Este es el denominado proceso "del pozo a la rueda" (en inglés tiene más gracia y sonoridad puesto que se denomina "well-to-wheel"). Es el motivo por el que se debería considerar el ciclo completo de generación y utilización de la energía eléctrica para calcular las emisiones totales achacables a la utilización de un coche eléctrico.

13 veces más emisiones en Alemania que en Francia
Según datos publicados por Bloomberg el coste en emisiones de los coches eléctricos por país es sorprendente.

En Francia un coche 100% eléctrico emite 20 veces menos gases que en el caso de un coche de similar rango pero de motor de explosión. Sin embargo si conducimos nuestro super-ecológico coche desde París, hacia el Este, hasta cruzar la frontera de Alemania, nos habremos convertido, por arte de magia, en una máquina perfecta de emisiones de CO2. El mismo coche emitirá 13 veces más al ser recargado en Alemania en lugar de en Francia. Es el precio que hay que pagar por ser tan verde (entiéndaseme la ironía). Alemania ha apostado por cerrar masivamente las centrales nucleares y depender enormemente de los combustibles fósiles. Paradojas de la progresía ecologista. Según esto un coche 100% eléctrico contamina sólo una tercera parte de lo que lo hace un coche de motor de explosión.

Esta paradoja no es exclusiva de los alemanes ya que como se puede ver el gráfico Japón, China, Estados Unidos o Reino Unido se encuentran en condiciones parecidas.

Esto no quiere decir que la tecnología de los coches eléctricos sea negativa. Hay que ser realista y considerar todos los aspectos del ciclo energético. Un sistema muy complejo, con relaciones que van mucho más allá de los simplistas eslóganes de ecologistas de sofá y políticos ávidos de banderas que ondear para atraer a un votante plano y superficial. En realidad, lo que está haciendo un conductor de un coche eléctrico a nivel global es reducir algo las emisiones de gases y trasladarlas unos kilómetros más allá de su tubo de escape: a las centrales eléctricas. ¡Ojo! Es una reducción significativa, pero no es la panacea que nos venden a cambio de ceder dinero, autonomía, y ciertas dosis de libertad.

Juan Manuel Sabugo